sábado, 28 de abril de 2012

SOY SÓLO LO QUE VEN EN MI.

Soy única y exclusivamente la persona que los demás ven en mí, y contra eso no hay nada que hacer. No se puede moldear la imagen que tienen los demás de nosotros. Lo que siembras es lo que recoges, por mucho que insistas en pensar “qué es lo que pensará la gente de mí?” “cómo se supone que debo actuar en público?” o “qué es lo que no debo hacer aquí o allá?”, por mucho que me esfuerce, si no soy auténtico, si tengo que fingir, si vivo en el engaño, tarde o temprano todo se sabrá y finalmente será mucho peor que mostrarme tal y como soy. La persona auténtica, transparente, sincera y honesta, jamás hace el ridículo, jamás debe arrepentirse, y jamás puede sentir vergüenza de mostrarse tal y como es en realidad.

La verdad siempre premia al que la posee y a la larga proporciona tranquilidad y sosiego suficiente como para rozar la felicidad infinita. El mero hecho de saber que no he mentido y que no he actuado de “mala fe” me proporciona una sensación de felicidad que me llena hasta el punto parecer totalmente embriagado por tal situación.

La mentira por el contrario, causa miedo, inquietud y malestar, y obliga a estar en un estado de alerta que nos deja sumamente agotados. La mentira nos hace esclavos suyos y nos obliga a estar constantemente recordando su existencia, porque el más mínimo despiste puede ser fatal. Además siempre nos proporcionará alguna decepción, porque al final, en algún momento que bajemos la guardia, siempre nos pillarán y siempre nos causará problemas porque incluso nosotros mismos teníamos asumida ya tal mentira como verdadera.

Si vivimos con mentiras, acabaremos rodeados de mentiras. Si aceptamos mentiras de los otros, seremos nosotros los próximos engañados. Si enseñamos a mentir, seremos mentidos por nuestros pupilos. La mentira tiene un efecto viral que se propaga a increíbles velocidades y distancias, y deja totalmente devastado allá por donde pasa, deja muchísima infelicidad y un enorme sufrimiento. Es implacable, si juegas con ella, acabarás contaminado, si jamás te acercas, jamás la sufrirás.

Así soy yo, en una primera toma de contacto podría decir sin vacilar: que yo jamás miento y que jamás mentiré. Ello me dota de una especie de “salvoconducto” que, de alguna manera, garantiza mi honestidad a los demás.

Desde el día que empecé a mantenerme siempre decantado hacia el lado de la verdad y que descarté para siempre la utilización de la mentira, ni tan sólo, cómo herramienta de supervivencia, ese día empecé a sentir la necesidad de hacer más fácil la vida de todos aquellos que me rodeen.


Espero que en el momento que alguien que esté cerca de mí, cuando crea  que yo siempre le seré sincero, en el momento que confíe ciegamente en mí, a esa persona se le presentará un futuro mucho más fácil, esa persona se encontrará feliz y tranquila siempre que esté cerca de mí, y además, todo ello, le proporcionará más espacio para en análisis y la reflexión. Esa persona se convertirá en un candidato a ángel. Podrá ser uno de mis futuros diez ángeles, y podrá convertirse en una fuente recíproca e inagotable de sabiduría y felicidad. Habrá que trabajar muchísimo con dicha persona, habrá que ser tolerante y tener muchísima paciencia, pero un ángel bien lo vale.