viernes, 20 de julio de 2012

NO HAY MÁS.

Querida hija,
Esta mañana, al amanecer he paseado por el barrio del besós. Me atraen esos grandes edificios llenos de familias, apiladas como en colmenas de abejas. Cuán diferente es nuestra vida! Qué fàcil es nuestro día a día!



Aquí los problemas se apelotonan, llueve sobre mojado, y sólo consiguen sobrevivir los que luchan todos los días. Veo gente luchadora por todas partes, desde el primero hasta el último, en un barrio maltratado como éste, maltratado por el cine de los 70, por los medios de los 80, por la policía de los 90 y por los políticos de los 2000, en un barrio así, todo el mundo debe luchar sin parar, luchan los padres para conseguir trabajo, lucha el yonki para conseguir su dósis, lucha el hermano viendo los estragos de la droga, lucha la madre que ve el mal camino de los hijos, lucha el que ve como van cayendo todos sus amigos, lucha el homosexual que no es entendido, lucha el gitano discriminado por su condición, lucha el inmigrante para ser aceptado, lucha el religioso por cumplir todo lo que le exigen, lucha el comerciante por sobrevivir sin abandonar el barrio, lucha el maestro por conseguir atraer la atención de sus alumnos, lucha el alcohólico por entender lo que sucede, lucha en su silencio la mujer maltratada y sus hijos por querer comprender el amor y sobre todo, luchan todos los que no soportan el sufrimiento de los demás.


Todos esos problemas aquí se concentran en pocos metros cuadrados, en esas grandes colmenas de vidas, de familias, de historias. La cercanía, te impide hacerte inmune, el peso de los problemas de tu vecino es demasiado fuerte para dejarte salir a flote, hagas lo que hagas tienes las de perder.


Todo fue mucho más fácil para mi, yo vivia en el centro de Barcelona, en un edificio con conserje y "llar de foc" (fuego en tierra), todos mis vecinos me querían y me cuidaban, yo tenía de todo (lo material) y jamás nadie me mostró la realidad de las calles, el sufrimiento de los demás, siempre fue eso, "de los demás" y jamás me importó.


Por eso te escribo estas lineas, por que aún eres demasiado pequeña para entender mis palabras, eres una niña y todavía no quiero agobiarte, pero jamás me perdonaría si sólo te explicara una parte de la verdad.


Para mi, ignorar lo que sucede a tu alrededor, és ser un ignorante, y SER UN IGNORANTE, ÉS NO SER NADA. Si doy la espalda a los problemas de los demás, creo que no seré nada, y si no soy nada temo ir fundiéndome en el olvido y en la nada, temo ir desapareciendo hasta lleguar a ser totalmente transparente, invisible e inútil... Y precisamente, lo único que quiero en el mundo es no ser invisible ante tu mirada, quiero que tus ojos se empañen a recordarme, quiero que se te haga un nudo en la garganta cuando vayas a hablar de mi y sobre todo quiero que cuando esto te suceda, recuerdes que debes ayudar a los demás, dejar que se apoyen en ti, comprender todos sus errores y jamás darles la espalda.


Si todo ello lo haces convencida y no caes en la deseperación, ni el caos, en esos momentos, habrás alcanzado la felicidad, justamente igual que ahora mismo cuando escribo estas lineas para ti, NO HAY OTRA FELICIDAD.


Tu papá ignorante que te quiere,

domingo, 15 de julio de 2012

VERGÜENZA BLANCA...

Querida hija,


Tengo asumido que tu educación ha pasado a ser mi obsesión. Todo lo que veo, oigo, capto o pienso, siempre lo hago pensando en ti. Me he convertido en una especie de ave que va cazando víveres para sus polluelos, siempre recogiendo, siempre aprendiendo y llevándomelo todo para mi casa, mi familia y mi hija. Ya nada me importa, sé que sólo puedo hacer lo que está en mi mano y de eso se trata de conseguir que seas una persona razonable, humana, comprometida y responsable, pero sobre todo que seas una persona sensible.
Creo que a mis cuarenta años puedo decir con toda seguridad que la sensibilidad es la clave de la humanidad, las personas son más sensibles o menos sensibles ante una u otra situación y ello es lo que las hace distintas.

Ante cualquier situación que no sigue los patrones del día a día, aquellos que nos han inculcado de una manera totalmente manipulada y artificial, la mayoría de nosotros actuaremos de una manera distinta a los demás y la clave de esta diferencia está en la sensibilidad de la que estemos dotados, o mejor dicho la sensibilidad que todavía no hayamos perdido por culpa de la hostilidad y agresividad de nuestro entorno.


Creo que todos nacemos con una sensibilidad determinada que debemos proteger y cultivar, como si de un fruto se tratara, sin duda, el fruto de la sensibilidad sería el más preciado de la humanidad, por que si todos los seres fuéramos capaces de ser sensibles ante el sufrimiento de los demás, sensibles ante el amor, o simplemente sensibles ante la cordialidad y buenas intenciones de los demás, estaríamos ya en la sociedad del futuro.


Todo ello lo aprendo observando a mi mujer. Ella, está dotada de una sensibilidad extrema, que sabe proteger de una manera admirable ante las agresiones constantes del mundo en el que vivimos. De ella aprendo cada día, por que sólo yo, sé perfectamente, lo agredida que ha estado mi sensibilidad desde el mismo día en que nací, y lo protegida que ha estado la suya.


En mi infancia, desde pequeños, a los varones, se nos enseñaba a "no llorar" y por lo tanto a no externalizar nuestros sentimientos... "los niños no lloran". Yo no conseguí llorar, hasta el día que enterré a mi padre, con 30 años, y la segunda vez que lloré, fue el día que naciste tú. Desde entonces he estado protegiendo y cultivando la poca sensibilidad que me quedaba, hasta llegar al día de hoy, que he conseguido llorar casi todos los días.


Desde que lloro todos los días, soy tremendamente feliz, soy sensible a todo, escribo y los ojos se me empañan, todo me preocupa y apenas puedo pensar en mi sin dar gracias al destino por estar dotado de la sensibilidad suficiente para captar el sufrimiento de los demás y dotado también de la fuerza necesaria para no decaer en el pesimismo y la depresión.


Hoy, realizando una tarea rutinaria de copias de seguridad, he encontrado una foto que tomó mi mujer con su teléfono en una situación totalmente cotidiana. Era un día cualquiera y paseábamos los perros cerca de una escuela infantil, ella parecía indignada y yo no entendía que podía tener de especial un niño jugando con un monopatín... y fue entonces cuando ella tomó esta increíble fotografía;






Al ver esta fotografía con detalle, entiendo la indignación de ella ante las pintadas racistas, que yo ni siquiera pude percibir. Tengo que admitir que soy un ignorante y que debemos estar atentos y ser conscientes de todo lo que nos rodea, tengo que decir que cada día aprendo de mi mujer, ella fue educada en un ambiente favorable, rodeada de naturaleza y apartada de lo mundano y superficial, y todo ello la hizo distinta, sensible y fuerte a la vez, capaz de ir a un concierto Punk y al llegar a casa, dedicarse a colocar flores en el comedor, un ser admirable que posee unos valores tan auténticos y tan fusionados con su ser que sería imposible separarlos. Para ella estos valores son los normales y ni tan sólo es consciente de que los posee, porque ella no conoce la maldad, jamás me ha hablado mal de nadie y solo capta el sufrimiento de los seres, ya sean personas, animales o cosas. Donde yo veo maldad, egoísmo y codicia, ella percibe sufrimiento, bondad y amor.


Por todo ello, querida hija, siempre tengo miedo de no estar protegiendo suficientemente tu sensibilidad, es duro estar educándote, cuando todavía estoy yo aprendiendo cosas tan básicas y elementales del amor y la convivencia, pero al menos intento plasmar todas mis inquietudes y conocimientos en este libro, que seguramente, será lo único que puedas heredar de mi.


Tu papá ignorante que te quiere,